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¿Alguna vez has cruzado un semáforo y, al llegar al otro lado, te has preguntado si lo cruzaste bien? ¿Si estaba en rojo, en verde o ámbar? O quizás... ¿has estado en un bar y, luego de haber hablado en más de una ocasión con el camarero, no has sabido a quién llamar para pedir la cuenta?

Desde que llevamos GPS en el móvil, el nuestro (ese mecanismo interno que nos dice el qué, el cuándo y el dónde) se nos ha ido estropeando poco a poco. Ahora, sin análisis mediante, lo queremos todo y lo queremos ya. Estamos tan sobreestimulados que, al final, nos ponemos en piloto automático y vamos por la vida como los caballos, con orejeras, para solo ver hacia adelante.

Llegar a destino está muy bien y anticiparse a lo que vendrá no puede nunca ser malo pero, para conseguirlo de verdad, hay que saber leer lo que está sucediendo a los lados: el "mientras tanto". Y para ello, hay que aprender a disfrutarlo...

Hay meses que me agobio. Amanezco una mañana con la tara de "¡ay, no! Todo lo que tengo que hacer es para ¡ayer!" y, de repente, la creatividad sale corriendo por la puerta y las ganas de seguir casi, casi que escapan por la ventana. Respiro hondo, me aferro con fuerza a mi taza de café y abro la agenda porque sí, seguro que hay alguna tarea que pasé por alto y va a ser la número quichicientostropemil que aún tengo pendiente. Pero entonces ahí está, mi agenda con su dosis de color diciéndome que todo irá bien... Y no puedo más que creerle.

Seguramente ya sabes que este mes he pasado un fin de semana fugaz en Barcelona. Junto con Ceci de La Fábrica de Secretos nos hemos volado la cabeza una a la otra para organizar un taller de carvado diferente que nos llevó hasta el País de las Maravillas y nos regaló un puñado de experiencias, algún que otro aprendizaje y muchísimas pero muchísimas risas. Y debo decir que el tiempo que estuve en la ciudad, antes y después del taller, fue muy poco pero productivo y quiero contártelo ;)

... y haz que lleguen en un sobre bien pero ¡bien bonito! Porque sí, no sé tú pero yo ya necesito vacaciones, otra vez. Vale que hoy es festivo y recién estamos en octubre pero imaginarás que este post no llega tarde por casualidad. No, tienes razón. Esto ya no tiene ni disculpa pero es que últimamente todo lo que hago no es para ayer, es para el mes pasado. Vivo a contrarreloj y la verdad es que empiezo a estar cansada. Así que sí, me vendrían muy bien unas vacaciones. ¿Y a ti?

La tienda online que tenéis en esta web es parte de los sueños que una mañana me atreví a descoser de mi almohada pero, aunque no es mi primera tienda online, ha sido y sigue siendo todo un reto laboral. Poner en ella nuestro sello, conseguir que nuestros clientes se sientan mimados, dotarla de vida, de alma e imprimir en ella nuestra marca personal ha sido más complejo de lo que esperaba pero creo que, poco a poco, lo estamos consiguiendo y hoy quiero contarte cómo porque si tú también quieres montar una tienda 2.0 seguro que te puede ayudar...

La última vez que estuvimos en Argentina, mi sobrina Valentina nos hizo Turrón Quaker. ¿Sabéis lo que es? Es una de las mejores ideas del mundo porque cualquiera puede llevarla a cabo muy fácilmente y, mientras lo hace, enarbolar una marca como si fuera su mayor embajador y hacerla eterna. Claramente, no es más que un turrón de avena. Tan fácil de hacer que ni siquiera necesita cocción. Tan simple, que da igual que la avena sea marca Quaker o no, lo llamaremos de la misma manera y nos convenceremos de que no sabe igual. Tan eterna que es un clásico de la cultura argenta. Pero, ¿cómo se cocinan las ideas hasta conseguir que pierdan el límite?

Hay pocas cosas más satisfactorias que tener un libro nuevo entre las manos. Sentir el tacto de las portadas en la yema de los dedos. Percibir su olor a nuevo. Leer la dedicatoria de la primera página...

Sé que esto es solo un blog, pero si cierro los ojos casi puedo palparlo. Físico, tangible, real. Un nuevo libro, en la nueva librería de nuestro nuevo hogar. El hogar de esta nueva etapa a la que hoy quiero dar la bienvenida mientras hablamos un poco de ñoñeces, de instagram y de la gente talentosa que ronda nuestro ya adorado #somostanpastel