Vuelve a conectar tu GPS

Vuelve a conectar tu GPS

¿Alguna vez has cruzado un semáforo y, al llegar al otro lado, te has preguntado si lo cruzaste bien? ¿Si estaba en rojo, en verde o ámbar? O quizás… ¿has estado en un bar y, luego de haber hablado en más de una ocasión con el camarero, no has sabido a quién llamar para pedir la cuenta?

Desde que llevamos GPS en el móvil, el nuestro (ese mecanismo interno que nos dice el qué, el cuándo y el dónde) se nos ha ido estropeando poco a poco. Ahora, sin análisis mediante, lo queremos todo y lo queremos ya. Estamos tan sobreestimulados que, al final, nos ponemos en piloto automático y vamos por la vida como los caballos, con orejeras, para solo ver hacia adelante.

Llegar a destino está muy bien y anticiparse a lo que vendrá no puede nunca ser malo pero, para conseguirlo de verdad, hay que saber leer lo que está sucediendo a los lados: el “mientras tanto”. Y para ello, hay que aprender a disfrutarlo…

Falta de concentración, inercia, ausencia de la realidad… Nos pasa a todos alguna vez y es porque encendemos el piloto automático, o bien porque estamos “en otra parte”.

Lo cierto es que, hoy en día, consumimos cinco veces más información que hace 25 años. Por tanto, vamos por la vida con el cerebro un pelín sobrecargado y mirando casi siempre hacia otro sitio porque queremos estar aquí y también ahí como si fuésemos omnipresentes. Y, como nos han inculcado desde pequeños que hacer NADA es malo, improductivo y un lujo que no nos podemos permitir, tampoco le damos al cerebro el descanso que merece ni la oportunidad de estar al 100% en una sola cosa. Lo que nos lleva, muchísimas veces, a estar ausentes.

Imagina por un momento que la vida es como una carretera. Hay peajes, salidas, puentes, límites de velocidad, mapas, radares. Y el GPS lo tienes tú: es tu cerebro. Ahora imagina que vas en tu coche por una carretera que desconoces, enciendes el GPS y escoges la ruta más rápida, pero esa mañana han decidido reasfaltar un tramo y tú olvidaste cargar la batería del GPS, así que no te enteras hasta que es demasiado tarde y el embotellamiento no te permite llegar a ningún sitio a tiempo. Consigues coger una salida para retomar el camino de vuelta, pero nada en la pantalla te indica qué hacer o por dónde ir. Estás perdida y desorientada. Y, por no saber qué hacer, sigues adelante.

Dos horas más tarde, te das cuenta de que no sabes dónde estás ni cómo volver. Al final, sales de la carretera, entras en un pueblo y, en cuanto te cruzas con el primer ser humano, preguntas. Llevas cuatro horas de retraso, estás cansada, tienes hambre y estás a tres horas de tu destino. ¿Y ahora?

Estoy convencida de que cometer errores no es lo que importa. Todos nos equivocamos a diario y no es un problema. Es la vida. Lo que importa es lo que hacemos cuando nos damos cuenta. ¿Seguimos en el error como si nada? ¿Chocamos una y otra vez con la misma piedra? ¿Escuchamos a esa vocecita llamada instinto? Para aprender de nuestros errores, debemos aprender a rectificar. No se trata de rendirse y bajar los brazos, se trata de corregir las imperfecciones, errores o defectos de algo que ya hemos hecho. Solo eso, en busca de mejorar la situación y seguir adelante. Y, para conseguirlo, debemos ir haciendo balance de lo que nos pasa, hacernos preguntas, estar atentas a lo que sucede.

 


“Hasta que no vuelvas consciente lo inconsciente, este dirigirá tu vida y lo llamarás destino.”

-Carl Jung-


 

Para que sirva de ejemplo, diré que, cuando mi marca personal nació, lo que hacía eran ilustraciones personalizadas en forma de marionetas de papel: las Paper Puppet Dolls. Seguramente, si estás desde el principio, las recuerdes… Rectificar a tiempo es lo que me ha permitido llegar hasta aquí y convertir a Sami Garra en una marca consolidada. Preguntándome un poco qué me hacía feliz y otro poco qué hacía feliz a mi cliente. Intentando leer mis aciertos y mis errores, haciendo balances y midiendo objetivos a corto y largo plazo. No sirve de nada empecinarse con algo que no funciona o no lo hace del todo, pero tampoco se trata de rendirse y dejarse sumir en el fracaso. A veces, solo nos falla el GPS y hay que recalcular. Igual en la vida que en el emprendimiento, amiga. La vida va de vivirla, de estar aquí…

 

rutinas efectivas

El tiempo vale oro, pero no debes medirlo en dinero. El tiempo solo es tiempo. Vale oro porque es limitado y lo desaprovechamos, pero el tiempo NO es dinero. En tal caso, dinero es lo que haces con él. Y, si haces más dinero en menos tiempo, mejor que mejor.

Para dejar de vivir en piloto automático necesitas aprender a disfrutar de tu tiempo. De todos tus tiempos. Tu tiempo a solas en el coche. Tu tiempo en el trabajo. Tu tiempo en casa. Tu tiempo de madre. Tu tiempo de ocio… Tu tiempo es tuyo y solo tuyo, debes respetarlo y respetar a quienes lo comparten contigo estando allí, al 100%.

Descansa. Lo cierto es que estar allí, consciente, requiere tanto de tu voluntad como de tu descanso. Así que también necesitas un tiempo de relax, un momento a la semana para no hacer nada, para no pensar. Y lo necesitas tanto como comer sano o dormir 8 horas. Con que te tomes unos minutos al día para relajarte y respirar antes de dormir, ya es un gran paso. Si, justo antes, sumas algunos ejercicios para estirar las cervicales, notarás mucho la diferencia.

Pon en práctica ejercicios que te ayuden a estar presente.

1.- Toma una merienda solo contigo y proponte vivirla con todos los sentidos. Dedica varios minutos a observar, oler, pelar, cortar, saborear, tragar, comer tu comida o el alimento que hayas escogido. Puede ser tu tarta favorita o simplemente una fruta. Concéntrate en tus sentidos. El tacto, el aroma, el sabor, el color, el sonido. Intenta con ganas que, durante lo que dure tu merienda, no exista absolutamente nada más.

2.- Apaga el móvil por un día. Puede ser fin de semana, domingo, es igual. Escoge un día, apágalo y guárdalo en un cajón. Intenta con ganas que, durante lo que dure el día, tu móvil no exista y solo existas tú y el mundo que te rodea.

Disfruta. No basta con estar, hay que vivir. No lo olvides nunca. Disfruta de tu vida, de tus tiempos, de tus seres queridos. Disfruta de las nimiedades, de los detalles, del rayito de sol que entra por la mañana en la ventana de la cocina o de ver la lluvia caer desde el sofá del salón…

 

Dicen que la felicidad nunca es el destino sino la actitud con la que viajas… Así que, amiga, quitémonos la anteojera y volvamos a encender nuestro GPS para que, cuando cojamos la salida equivocada por ir a todo galope, nuestra voz interior grite bien fuerte: “¡recalculandoooo!”.

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Sami Garra
hola@samigarra.com
8 Comentarios
  • Nidia
    Publicado a las 13:43h, 04 abril Responder

    ¡Cuánta energía positiva en tu post, Sami! Da gusto leerte. Tienes muchísima razón, a veces hay que cambiar el chip y evitar que la vida nos lleve sin más. Me quedo con tu post para releermelo como un mantra.
    Un besazo, Sami

    • Sami Garra
      Publicado a las 17:56h, 04 abril Responder

      Si es que la vida pasa volando y a veces ni siquiera nos damos el lujo de disfrutarla…
      Un besazo enorme!

  • Violeta
    Publicado a las 15:26h, 04 abril Responder

    Este post ha venido que ni pintado hoy para mi.
    En semana santa estuvimos de viaje mi chico y yo, lo cual nos hizo hiperfelices, ahorramos con esfuercito y lo conseguimos. Pero claro, al estar de viaje se quedaron pendientes la casa, la compra, la colada… lo que no se ha hecho había que hacerlo con las pocas horas que nos deja el trabajo, y todo eso por hacer más la vuelta al trabajo (depresión post-vacacional)… me hacían sentir agobiada y un poco triste, pues en lugar de dejar el piloto automático, ayer hice más rápido las tareas de casa para poder pararme un rato con mi agenda y mis colorines y ha sido un cambio brutal.
    Como muy bien dices, es muy importante dedicarnos tiempo consciente y de calidad 🙂

    Un fuerte abrazo.

    • Sami Garra
      Publicado a las 17:58h, 04 abril Responder

      Esa es la respuesta: ¡tiempo consciente y de calidad! Es normal que la vorágine nos trague pero no nos podemos dejar engullir día sí y día también 😉
      Un abrazo apretado!

  • Vivian Chávez
    Publicado a las 20:46h, 04 abril Responder

    No recuerdo con exactitud … pero creo que fue en una de tus fotos de IG, que explicaste que de vez en cuando reservabas un día entero, en el que te dedicabas a hacer snail-mail y otras cosas que te gustan. Me sorprendió y me inspiró para reservar un par de horas a la semana para mis diarios, agenda, libretas … Hoy al leer tu post, refuerzas lo que he ido descubriendo a raiz de esas dos horas (actualmente se han convertido en cinco a lo largo de la semana), como que aveces, al estar en todo, al final no estas en ningun sitio … es genial que hables de ti y escuches a los que te seguimos … un beso!

    • Sami Garra
      Publicado a las 10:27h, 05 abril Responder

      Tú lo has dicho, Vivian. Así como es importante dedicarle tiempo de calidad a la familia o a los amigos, es importante que nos dediquemos tiempo a nosotros mismos para hacer actividades que nos gustan, descansar, recargar pilas, lo que sea…
      Gracias por estar aquí ^.^ Un beso.

  • Charo López
    Publicado a las 22:29h, 05 abril Responder

    Pues no van tan descaminadas mis ideas para reencontrar el ritmo. Gracias por reafirmarme con tu post. Besitos

    • Sami Garra
      Publicado a las 11:08h, 07 abril Responder

      No hay porqué. Ojalá lo reencuentres muy pronto ^.^
      Un abrazo.

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